Open government, aquellas pequeñas cosas

Empezamos el año con una nueva ley, la ley 19/2013 de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno,que nace como respuesta a la brecha abierta entre ciudadanía e instituciones, tras los crecientes casos de corrupción, y a la percepción generalizada de falta de respuesta política ante los graves problemas que se enfrenta nuestro país.

España tiene por fin una ley que pretende constituirse como pilar para la estrategia de gobierno abierto con la que nuestro gobierno está comprometido dada su pertenencia a la alianza multilateral Open Government Partnership. Lo que ahora está por ver es si la citada ley sirve como instrumento eficaz para la mayor calidad democrática que hoy demandan los ciudadanos.

Lo cierto es que la transformación social que se está produciendo está dando lugar a un nuevo orden ético. Emergen nuevos patrones de conducta -por ejemplo, los derivados de la cultura digital-, mientras que otros se reposicionan jerárquicamente en la escala de valores. La repuesta eficaz para adaptarse a este nuevo escenario debería considerar todo lo necesario para poder reconectar lo público a la sociedad, aunque ello implicara cambios sustanciales en los patrones políticos e institucionales vigentes.

El cambio hacia un modelo de gobierno abierto forma parte de dicha respuesta, en su sentido de reequilibrio de poderes entre instituciones, ciudadanos y sociedad civil más que de producción normativa y ejecución de procedimientos bajo el patrón burocrático tradicional.

Es por tanto una cuestión política que, más allá de grandes planes o elocuentes declaraciones, implica la puesta en marcha de pequeñas grandes cosas, quizá menos vistosas en las formas, pero más profundas en las fondo.

Entendido así, la transparencia no es tan sólo elaborar una ley y sus correspondientes procedimientos sino también velar por la aplicación efectiva de los mismos: ¿Será la transparencia lo común o la excepción?, ¿habrá incentivos / sanciones al cumplimiento? ¿El control social se traducirá en la asunción de responsabilidades?

Además, si otro de los ejes del gobierno abierto es la participación, no basta con abrir canales que permitan a los ciudadanos manifestarse en relación con diferentes aspectos, también es necesario un cambio de actitud en la forma en que las instituciones gestionan dichos procesos participativos. El reto, escuchar y conversar con receptividad.

Por último, si la colaboración permite ampliar el valor público de forma más eficiente, no basta con dar continuidad a los clásicos modelos jerárquicos de relación vertical, sino interiorizar y posteriormente desarrollar pequeños grandes gestos en términos de humildad, honestidad y corresponsabilidad.

El open government tiene mucho cambio en las reglas de juego.Pero siempre y cuando se tengan en cuenta algunas de aquellas pequeñas cosas.

Óscar Cortés es autor del libro “Líderes Públicos en la Nueva Economía”(Editorial Rasche, 2013)

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